Más presas no salvarán a Guadalajara: académico urge a restaurar el ciclo hidrológico antes de un colapso
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Más presas no salvarán a Guadalajara: académico urge a restaurar el ciclo hidrológico antes de un colapso
Traer agua de fuera o megaproyectos de infraestructura solo alivian síntomas, advierte David Vargas, investigador del ITESO. A través de modelación matemática, el especialista plantea soluciones de ingeniería para devolverle al suelo la capacidad de retener, infiltrar y limpiar el recurso.
Diana Alonso
El agua turbia y pestilente que movilizó a miles de habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) es una de las manifestaciones visibles de la degradación progresiva del ciclo hidrológico que durante décadas ha acompañado el crecimiento urbano e industrial de la ciudad.
Para David Vargas, académico del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano (DHDU) e integrante del Seminario Permanente en Estudios del Agua (SEA) del ITESO, la forma en que Guadalajara se ha expandido y desarrollado ha ignorado los procesos naturales mediante los cuales el agua interactúa con el suelo y los acuíferos que sostienen la vida de la ciudad.
Durante la conferencia “De la crisis a la restauración del ciclo hidrológico”, realizada como parte del Foro Crisis del Agua en el AMG, explicó que la reducción de la vegetación, la impermeabilización del suelo con concreto, las concesiones baratas, la regulación débil, la opacidad y la visión del agua como una mercancía forman parte de un modelo de desarrollo orientado a la acumulación de riqueza, antes que a la conservación del ecosistema que brinda este recurso.
Por medio de un modelo matemático, Vargas demostró cómo el crecimiento urbano y la transformación del territorio han contribuido a degradar el ciclo hidrológico. “Menos vegetación significa suelos que infiltran menos y eso ocasiona que el agua corra y se vaya más rápido de nuestras cuencas [...] menos agua pero más contaminada”, señaló.
Desde esta perspectiva, advirtió que invertir millones en nuevas presas, acueductos, perforaciones o proyectos para traer agua desde otras regiones puede aliviar temporalmente algunos efectos de la crisis, pero no resolver las causas que la originan. “Ahorita se está hablando de una serie de soluciones [...] pero no es una solución real […] tarde o temprano va a tronar con más crudeza”, afirmó.
Para atender el problema desde su origen es necesario comprender cómo se comporta el agua dentro del territorio. Esto implica analizar variables como la topografía, los patrones de lluvia, los escurrimientos, las características de los suelos, la permeabilidad y el funcionamiento de los acuíferos. Con esta información, los investigadores pueden desarrollar modelos matemáticos y simuladores que permiten reproducir el comportamiento del agua, evaluar escenarios y anticipar los efectos que tendría la implementación de diversas estrategias.
El objetivo es incorporar alternativas que ayuden a recuperar parte de las funciones que cumplían los ecosistemas. De acuerdo con Vargas, la naturaleza retiene el agua mediante árboles, vegetación y distintos obstáculos que ralentizan su flujo y favorecen su infiltración. A través de la ingeniería, sostuvo, es posible replicar parcialmente esos procesos para que una mayor proporción de agua de lluvia permanezca en la cuenca y pueda incorporarse nuevamente a los acuíferos.
Destacó que estas estrategias requieren estudios y procesos técnicos rigurosos. “Que quede claro que no es así de fácil […] hay que eliminar sedimentos, hay que cumplir con ciertos criterios del cuadrante de calidad”, explicó al referirse a los sistemas de recarga de acuíferos.
El académico señaló que existen alternativas para favorecer la infiltración de agua al subsuelo, entre ellas pavimentos permeables, jardines inundables, cámaras de infiltración y pozos de recarga. Estas soluciones buscan aumentar la recarga de los acuíferos, disminuir los escurrimientos superficiales y reducir el riesgo de inundaciones.
“Los verificamos en modelos [...] y luego tratamos de pensarlos como espacios públicos regenerativos que no sean solo soluciones técnicas, sino espacios vivos”, dijo.
Buena parte del trabajo consiste en desarrollar herramientas capaces de representar digitalmente el comportamiento del territorio. “Lo que estamos haciendo [...] son modelos y simuladores sobre el flujo superficial, entender las aguas subterráneas, la permeabilidad del suelo, las lluvias, el diseño de pendientes y el relieve”, explicó. A partir de estas simulaciones, los investigadores pueden estimar cuánta agua es capaz de infiltrarse por metro cuadrado de suelo bajo distintas condiciones y, con ello, identificar qué soluciones podrían funcionar mejor en cada zona de la ciudad.
Finalmente, Vargas resaltó que la restauración del ciclo hidrológico exige replantear la forma en que se diseña y gestiona el territorio. Además de infraestructura e innovación tecnológica, se deben impulsar nuevas formas de planificación urbana que permitan recuperar gradualmente la capacidad de los ecosistemas para retener y limpiar el agua.
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